La experiencia Freeletics: La historia de Dominik

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Freeletics es duro, debes trabajar al máximo para lograr tus objetivos. Pero, en la vida, tienes que luchar para conseguir lo que quieres. Si fuera fácil, ya no sería Freeletics. La gente puede decirte que vas a fracasar, pero no es así. ¡Vas a conseguirlo! ¡Vas a subir el nivel! ¡Vas a llegar hasta el límite y más allá! Puedes inspirar a otra gente. Pero solo si lo deseas de verdad.

Después de un accidente que le cambió la vida, los médicos le dijeron a Dominik, de Ulm (Alemania), que no podría caminar ni usar las manos como antes, que estaría tan débil que no podría tan siquiera volver a practicar deporte. Hoy es un atleta libre que inspira a los demás. Esta es su extraordinaria y fascinante historia. Léela y encuentra tu fuente de motivación.

El 19 de junio de 2007, me dirigía a la escuela de arte en moto cuando un coche invadió la cuneta y me golpeó. Con el impacto salí despedido por el aire y mi cuerpo sufrió daños muy graves. Me fracturé el brazo en doce puntos, lo que dañó importantes nervios sensitivos, ligamentos y el hueso metacarpiano. El antebrazo se me dobló en un ángulo de 90º. También me rompí el fémur, y un fragmento de hueso me atravesó la piel, que me desgarró el cuádriceps por encima de la rodilla. Me destrocé los dedos de la mano derecha, las cápsulas articulares quedaron totalmente destruidas y los tendones muy dañados. Además sufrí varios cortes profundos, abrasiones por todo el cuerpo, moratones y una contusión… en definitiva, todo lo que puede pasarte si te golpea un coche. En ningún momento perdí la consciencia, y me quedé sangrando y gritando en el suelo hasta que llegó el helicóptero de asistencia médica. Aquellos 15 minutos me parecieron una eternidad. Me llevaron al hospital donde me sometieron a una operación de urgencia que duró 10 horas.

Como consecuencia, pasé dos meses postrado en la cama intentando recuperarme. Me escayolaron las dos manos, así que no podía comer, ni levantarme ni sostener un libro. No podía lavarme ni ir al baño sin ayuda. Diría que eso fue lo peor. La impotencia. Tener que aprender a hacer todo otra vez.

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Tres meses después pude al fin «caminar» sin una silla de ruedas. Porque aquello no fue caminar… más bien logré dar tres pasos seguidos cojeando como pude. Pasé de la silla de ruedas a la cama con ayuda de ambas manos. Los médicos no sabían nada. No paraban de decirme lo que no podía o no debía hacer. Pero tenía que hacerlo. Casi me caigo al dar cada uno de esos tres pasos. Pero fueron tres pasos. Solo. Sin ayuda. Estuve a punto de gritar de alegría al tumbarme en la cama. Mi compañero de habitación en el hospital se puso a aplaudir.

Durante los meses y años siguientes tuve que pasar por el quirófano varias veces, y todavía tendré que hacerlo un par más en el futuro. Aún tengo una astilla de hueso en el muslo, por eso odio tantísimo los squats. Me duele horrores, pero sé que son buenos para mí, así que soporto el dolor.

Me costó un año poder caminar sin cojear. Apenas podía escribir y tuve que renunciar a la escuela de arte. Mi novia me dejó, perdí el trabajo y mi vida era un desastre.

Y entonces, hace un año, mi padre murió de cáncer. Me sumergí en el trabajo. Comía tarde y mal. Pasaba 12 horas sentado trabajando. Padecía migrañas, un cansancio crónico y no tenía energía. Al terminar el año toqué fondo. Estaba acabado. No tenía fuerza. Me sentía totalmente perdido.

Así que me propuse cambiar del TODO. Decidí volver al gimnasio. Comencé a comer sano y a correr. Quería que mi padre, a quien le encantaba el deporte, estuviera orgulloso de mí. En febrero vi el vídeo de Levent. Lo volví a reproducir una y otra vez. Y después me uní a Freeletics. Mi primer workout fue un Aphrodite. Pensé que me moría. El dolor era horrible. Pero fue increíble, genial. Tardé 24 minutos y no conseguí ninguna estrella, pero me sentí vivo y feliz.

El entrenamiento de Freeletics era lo más difícil que había realizado nunca. Fue incluso más duro que la terapia del hospital. Tuve que tener cuidado con algunos ejercicios debido a mis lesiones. El accidente afectó particularmente a las muñecas. Al principio, tenía que vendármelas bien y usar agarres especiales para hacer los pushups. Tras medio año de duro trabajo, por fin puedo realizar los pushups sin ayuda. Seguiré teniendo que vendarme la muñeca izquierda, quizás para siempre, pero no pasa nada. También tengo secuelas en las rodillas. Sufro mucho con los squats, no puedo bajar del todo porque me duele y sigo teniendo la astilla clavada en el cuádriceps.

No sé si este tipo de entrenamiento fue una gran idea, o la mejor manera de hacerlo. Sin embargo, como estaba harto de que me dijeran cuáles eran mis límites, decidí imponerme unos nuevos.

Las primeras 15 semanas… Varios workouts… Hell week… Hell days. Era hora de aceptar el reto. Me propongo batir mi personal best y lo consigo ¡una y otra vez! La sensación es increíble y recuerdo cada nuevo récord como si fuera ayer.

Hoy sigo logrando mis objetivos. Estoy más en forma que nunca. Ya no me duele la cabeza y me siento genial. Aparte de Freeletics también corro medias maratones y carreras espartanas. En la última carrera espartana terminé entre el 15% de los participantes que llegaron a la meta primero. Hace poco, unos amigos y yo reinventamos el Hell Day realizando 7 workouts en 24 horas.

También he decidido estudiar ingeniería biomédica para aportar algo a cambio. En el máster estoy ayudando a mejorar las manos artificiales.

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¡Tíos, me encanta lo que hacemos! Creo que es increíble lo que las personas pueden conseguir cuando su mente y su voluntad son lo suficientemente firmes. Freeletics me ha enseñado a superar los límites físicos y mentales. Quiero mostrarle al mundo lo que puedo hacer y vivir una vida de la que mi padre se hubiera sentido orgulloso. Esto es lo que me motiva.

Gracias a todos y #clapclap

P.D.: Espero ver a más de uno entrenando en el Massmann Park de Múnich.

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Puede que estés pasando un momento complicado en tu vida. Puede que te enfrentes a las peores condiciones. Pero nunca sientas que debes rendirte. El «no puedo» no existe. Si trabajas duro, podrás conseguir todo lo que te propongas. Y si no, mira a Dominik. Logró lo imposible convenciéndose de que podía hacerlo. Y eso es lo que lo convierte en un atleta libre excepcional. Dominik recurrió a Freeletics para recomponer su vida. Ganó fuerza, tanto física como mental. De ahí sacó la motivación para seguir adelante. Un recorrido de miles de kilómetros comienza con un único paso, y el camino hacia el éxito nunca es fácil. Sin embargo, la historia de Dominik muestra lo mucho que compensa una vez conseguido.

¿Cuántas ganas tienes TÚ de lograrlo? Queremos que nos cuentes tus PB y lo que has vivido para conseguirlo. Envíanos tu historia a athletes@freeletics.com y anima a otras personas.

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