5 razones por las que te encanta Aphrodite

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Vamos, admítelo, te encanta Aphrodite. Todo Atleta Libre lo hace. No importa cuánto tiempo te lleve empezar, cuántas veces pienses en abandonar, cada cuánto maldigas y te jures a ti mismo “nunca más” – tan pronto como ha acabado, vuelves a adorarlo de nuevo. Pero no te preocupes, esto no significa que seas demasiado blando o demasiado compasivo. Aphrodite, tiene una manera de atraernos. Y las 5 siguientes razones son exactamente por las que todos somos culpables de caer bajo su hechizo.

Aphrodite es prueba de lo que eres capaz de hacer

Aphrodite es como ningún otro deporte. Es la prueba definitiva de poder, de velocidad, de resistencia y de fuerza mental, y si corres una maratón o cruzas el Canal de la Mancha, tendrás dificultades para encontrar algo que te desafíe de la misma manera que lo hace Aphrodite. Por esa razón, de vez en cuando, es bueno recordar las cosas increíbles que tu cuerpo es capaz de hacer.

Aphrodite deja que tu cuerpo entero se vea y se sienta entrenado

A Aphrodite le gusta dejarnos un recuerdo del entrenamiento, ya sea dolor en el trasero cada vez que bajamos las escaleras, la agonía en las abdominales cuando alguien te hace reír o el ardor en los bíceps cuando intentas lavarte el pelo en la ducha… Y nuestro reflejo cambiante en el espejo significa que este recordatorio dura mucho más tiempo que cualquier dolor muscular.

Aphrodite hace que los desayunos se disfruten mucho más

No hay mejor sensación que sentarse en la mesa para desayunar un cuenco enorme de Snickers Porridge (avena con cacao) y saber que te lo has ganado.

Te ganas el respeto de Aphrodite

“¿Quéééééé… has conquistado Aphrodite esta mañana? ¡Mis respetos!” – un comentario que nunca nos cansamos de oír.

Aphrodite establece un nivel para un día estupendo

Todos nos sentimos diferentes en los días que hemos hecho Aphrodite. Ella se encarga de establecer el escenario para un día poderoso y confiado, lleno de éxito y de definición de objetivos.

Deja de luchar contra tus sentimientos, ámala y ódiala. Es normal.